Tienes un aparato que funciona y te planteas cambiarlo solo para gastar menos luz. Hay que amortizar el precio entero del nuevo.
Consumo de tu aparato actual
Se traduce a kWh sobre un combi de 330 L (230 L de frescos + 100 L de congelador), libre instalación, no frost, 2 puertas. Si el tuyo es bastante más grande o más pequeño, la cifra se mueve: usa la vía de los kWh de la etiqueta.
Consumo de el aparato nuevo
Lo que te va a costar el aparato nuevo. Valor orientativo de mercado: pon el precio real que estés viendo.
Aquí se usa el precio TOTAL de la factura (energía, peajes e impuestos), no solo el término de energía: lo que dejas de pagar al no consumir un kWh es todo eso junto. Media de España en 2025 según Eurostat, redondeada a la baja. Cámbialo por el de tu factura.
Once años es la duración típica de un gran electrodoméstico según la encuesta europea de la OCU. Es el plazo contra el que se juzga si la compra llega a pagarse.
Ahorro al año
No compensa
Tardarías 20,6 años en recuperar el dinero, más de lo que va a durar el aparato nuevo. Por ahorro de luz, no lo cambies.
La cuenta
El balance descuenta el desembolso: mientras sea negativo, todavía no has recuperado lo que pusiste. Consumo de partida estimado entre 225 y 287 kWh/año.
Aquí no hay nada que venderte: la cuenta no respalda el cambio, así que no verás enlaces de compra en esta pantalla. Si el aparato se te rompe y tienes que comprar igualmente, cambia arriba a «Ya lo compro, ¿qué clase?»: esa pregunta sí suele tener respuesta favorable.
Esto es una estimación. Las clases energéticas no son un consumo, son un porcentaje sobre un consumo de referencia que depende del tamaño del aparato, así que traducirlas a kWh exige suponer un aparato tipo (combi de 330 L (230 L de frescos + 100 L de congelador), libre instalación, no frost, 2 puertas); si el tuyo se aparta de ahí, usa los kWh de tu etiqueta. Además, un aparato viejo suele gastar más de lo que decía su etiqueta cuando era nuevo, por juntas gastadas o un compresor cansado, y esa pérdida no se puede calcular: no está en esta cuenta, y juega a favor de cambiarlo.
Este caso
Contexto de esta decisión
La nevera es el único aparato de casa que no se apaga jamás: veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año, sin un minuto de descanso en toda su vida. Esa es la razón por la que casi todo el mundo da por hecho que cambiarla por una eficiente tiene que salir a cuenta, y es también la razón por la que merece la pena hacer la cuenta despacio. Un combi etiquetado A+ en la escala antigua consume del orden de 256 kWh al año; uno de clase C de hoy, unos 144. La diferencia son 112 kWh, que a 0,26 €/kWh salen a 29,11 € anuales. Recuperar 600 € a ese ritmo lleva 20,6 años.
Veinte años son casi el doble de lo que va a durar el frigorífico nuevo. Dicho de otra forma: se morirá bastante antes de haberse pagado, y tocará comprar otro. Por ahorro de electricidad, cambiar una nevera de hacia 2011 que sigue funcionando bien es tirar el dinero, y la conclusión no se arregla moviendo las cifras dentro de lo razonable. Tampoco comprando la mejor: una clase A actual consume unos 103 kWh, ahorra 39,78 € al año y cuesta cerca de 850 €, con lo que el plazo se queda en 21,4 años. Comprar mejor no acorta la amortización cuando el precio sube en la misma proporción que el ahorro.
Donde la cuenta cambia de signo es en las neveras de verdad antiguas. Un combi de clase B de la escala vieja andaba por los 443 kWh anuales, y ahí el salto a una clase C de hoy son casi 300 kWh de diferencia: 77,88 € al año y 7,7 años para amortizar los mismos 600 €. Si tu nevera es de antes de 2004, si el congelador coge escarcha y hay que deshelarlo a mano, o si el motor lleva meses arrancando cada dos por tres, estás en ese otro escenario y sí merece la pena pasarlo por la calculadora.
Y queda el caso más frecuente de todos, que es cuando la nevera ya se ha estropeado. En ese momento el dinero del aparato nuevo está gastado en cualquier caso, así que la única pregunta viva es qué clase comprar. Ahí el sobreprecio de subir de una clase E a una clase B, unos 180 € en el mercado actual, se recupera en 6,3 años, y esa sí es una decisión que la aritmética respalda. Es la diferencia entre gastar dinero para ahorrar, que casi nunca funciona, y elegir bien un gasto que ya estaba decidido, que funciona a menudo.
Qué cambia en tu caso
Matices específicos de este cambio
El desgaste no entra en esta cuenta, y juega a favor de cambiar
Una nevera de quince años con las juntas resecas o el compresor cansado puede gastar bastante más que los 256 kWh de su etiqueta original. Cuánto más solo se averigua midiéndolo con un vatímetro unos días. Si la tuya gasta un tercio más de lo que decía, el plazo baja de 20,6 años a unos 13: sigue sin compensar, pero deja de ser disparatado.
Tu A+ no es «casi una A» de hoy: es una F
En marzo de 2021 cambió la escala y con ella el consumo de referencia. Para un combi de 330 litros pasó de 682 kWh anuales a 250, así que la misma nevera se mide ahora contra una vara casi tres veces más exigente. Un A+ de 2012 se etiquetaría hoy como E o F. Esa letra está detrás de casi todos los cálculos mal hechos que se leen sobre este asunto.
La letra se traduce a kWh sobre un aparato tipo, no sobre el tuyo
Los 256 kWh salen de aplicar el umbral de la clase A+ a un combi de 330 litros, 230 de frescos y 100 de congelador. Si la tuya es un americano de 550 litros, su consumo de referencia es mayor y todas las cifras se mueven. Con la etiqueta o la ficha delante, mete los kWh anuales directamente: es la vía exacta de las tres.
Aquí el kWh se cuenta al precio de la factura entera
Se parte de 0,26 €/kWh, no de los 0,14 con los que trabajan las otras calculadoras del sitio. No es una incoherencia: al dejar de consumir un kWh no te ahorras solo el término de energía, sino también los peajes, cargos e impuestos que van encima. Es la media española de 2025 según Eurostat, redondeada a la baja.
Reparar suele ganarle a cambiar
Si lo que falla es una junta de puerta, el termostato o un ventilador, la reparación cuesta una fracción de los 600 € y recupera buena parte del consumo perdido por desgaste. Sustituir el aparato entero solo por eficiencia es la más cara de las tres opciones que hay encima de la mesa.
Preguntas frecuentes
Preguntas sobre este caso
¿Me compensa cambiar la nevera de 15 años por una nueva?
Por ahorro de luz, no. Un combi A+ de la escala antigua (unos 256 kWh anuales) frente a uno de clase C de hoy (unos 144) ahorra 29,11 € al año a 0,26 €/kWh: 20,6 años para amortizar 600 €, cuando el aparato nuevo durará unos once. Solo sale a cuenta si la tuya es bastante más antigua, de clase B o peor de la escala vieja.
¿Y si compro la nevera más eficiente del mercado?
No arregla la cuenta. Una clase A actual consume unos 103 kWh anuales y ahorra 39,78 € frente a tu A+, pero cuesta alrededor de 850 €: el plazo se queda en 21,4 años, incluso un poco peor. El precio sube en la misma proporción que el ahorro, así que el cociente apenas se mueve.
¿Cuánto se ahorra al año cambiando la nevera?
Entre 29 y 78 € al año, según lo vieja que sea la tuya. Desde un A+ de la escala antigua hasta una clase C de hoy son 29,11 €; partiendo de una clase B antigua, 77,88 €. La cifra depende sobre todo del punto de partida, no de lo buena que sea la nevera que compres.
¿Cuándo merece la pena cambiar la nevera?
En tres situaciones. Cuando es de antes de 2004, o de clase B o peor de la escala antigua. Cuando ya se ha roto y solo queda decidir qué clase comprar, porque entonces se amortiza el sobreprecio y no el aparato completo. Y cuando el motivo no es la factura sino el espacio, el ruido o que ya no enfría bien: razones legítimas, pero que no son ahorro eléctrico.
¿Por qué esta calculadora dice que no la cambie si en todas partes leo lo contrario?
Porque la mayoría de las comparativas hablan de porcentajes de eficiencia y no de euros ni de plazos. Que una nevera nueva consuma un 44% menos que la tuya es cierto y suena a mucho; que ese 44% sean 29 € al año frente a un desembolso de 600 € es exactamente el mismo dato, contado de la forma que sirve para decidir.